LA CIGARRA
se encaramó en un olivo
para tocar su guitarra.
Con tanta monotonía,
hasta se durmió el pastor
de un rebaño que allí había.
Después se fueron durmiendo
los perros y las ovejas
y un lobo que vino hambriento.
Llegó un ave de rapiña
y se comió a la cigarra
con la guitarra incluida.
Se acabó la serenata.
Todos fueron despertando
sin que sucediera nada.

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